Una abeja universal anida en la mente de cuatro
generaciones de televidentes. Vino a España con más blanco y negro que color
La abeja Maya ha entretenido a miles de ojos infantiles, que han revoloteado junto a ella de flor en flor ARCHIVO
Nació el año 1912 en un libro de cuentos
alemán. Se metamorfoseó en especie televisual en Japón en 1975. Y llegó a
España en 1978, cuando la tele en color era un lujo minoritario. Desde
entonces, cumple su misión: lograr que las criaturas humanas devoren lo que se
les ponga en el cazo o en el plato calladitas y sin pestañear, como abducidas
por la pantalla. Las primeras personas que la vieron volar son hoy abuelas y
abuelos. La generación intermedia la forman madres y padres que conectan Clan y
ven a sus crías felices, comidas y entretenidas ante la tele, que es de lo que
se trata, especialmente en vacaciones.
Maya llegó cantando aquello de: "En un país multicolor, nació una
abeja bajo el sol, y fue famosa en el lugar, por su alegría y su bondad".
Procedente de las pantallas de 625 líneas, ha evolucionado hasta el 3D y la era
digital. Y aquí sigue, más lozana y espectacular. Su primera voz fue la de
Matilde Vilariño, la gran dama del teatro, la radio y el radioteatro. La de Periquín
en el serial Matilde, Perico y Periquín. La de La saga de los porretas. Y la de
Pedrito Calvo en Marcelino, pan y vino. Con la fama en su ADN, Maya es el
insecto virtual que más ha contribuido al estado del bienestar infantil y de
los responsables de su cuidado y crianza.
Medio amarilla como el submarino de los Beatles o un taxi de Nueva York, y
medio negra como un taxi de Barcelona, las tecnologías digitales obtienen unos
colores inenarrables, que danzan y estallan ante los ojos y van directos al
seso y a los sentidos. Basta con ver su imagen reflejada en las pupilas de las
criaturas. Sólo les falta adentrarse en el plasma e irse a pasear y a jugar con
Maya y el fascinante bestiario que la acompaña. De flor en flor, propagada por
la red infinita, Maya se expande a través de aplicaciones móviles, tabletas,
consolas y videojuegos. Además de en antiguos videos y DVD, cobra forma en
multitud de juguetes y es la figurita de plástico más vendida en las
pastelerías. Sea en un baúl de antes de Cuéntame o en un iphone en manos
pequeñitas, ahí está.
El tiempo no la destruye, la transforma. Cada día, las criaturas la miran,
comen y callan. Y el entorno se relaja. Un postre bien administrado de DVD
prolonga el buen ambiente. Porque Maya es buena, bonita y alegre. Aun así,
tiene enemigos en la ficción. Y otros de carne, hueso e intelecto publican
tratados académicos, éticos y analíticos contra Maya. La acusan de belicista,
de clasista y de menosprecio y maltrato a zánganos, avispas y moscas. Su
creador, el vendedor de imprenta Erns Jacob Waldeman Bonsels, se convirtió en
el escritor más leído de Alemania. Censurado y prohibido sucesivamente por los
nazis, Estados Unidos y Gran Bretaña, La abeja Maya y sus aventuras fue el
libro favorito de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial. Bonsels
había sido corresponsal de prensa en la Primera Guerra Mundial, y había
publicado los cuentos de Maya en Múnich antes de ambos conflictos y del
nazismo.
Poco después de nacer, hubo educadores que recomendaban a los padres que no
dejasen solos a los niños cuando leían los cuentos de Maya. Como hoy se
aconseja no dejarles mucho tiempo a solas frente a pantallas. Pero nada de eso
importa a Maya ni a sus incondicionales. Al fin y al cabo, su expansión
hipermediática mueve millones de euros, y las metamorfosis digitales la hacen
más aventurera, preguntona, juguetona, políticamente correcta y ecologista.
Siempre en busca del polen, pasarán más de mil años y Maya será un mito
todavía más dulce.