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miércoles, 9 de abril de 2014

La traición: terrible marca de nuestros tiempos


“Leales y justos e inculpables demostramos ser.” (1 TES. 2:10)
DESTAQUEMOS LOS PUNTOS PRINCIPALES
¿Qué lecciones extraemos de los actos traicioneros de Dalila, Absalón y Judas Iscariote?
¿Cómo podemos imitar la lealtad de Jonatán y de Pedro?
¿Cómo podemos mantenernos fieles a nuestro cónyuge y a Jehová?
¿EN QUÉ se parecen Dalila, Absalón y Judas Iscariote? En que todos fueron desleales. Dalila, al hombre que la amaba, el juez Sansón. Absalón, a su padre, el rey David. Y Judas, a su Maestro, Cristo Jesús. Con sus vergonzosos actos, todos ellos causaron mucho daño a otros. Pero ¿por qué debería interesarnos lo que hicieron?
2 Cierta escritora incluye la traición entre los vicios más comunes de nuestro tiempo. Ese hecho no nos sorprende, pues al dar la señal de “la conclusión del sistema de cosas”, Jesús dijo: “Muchos [...] se traicionarán unos a otros” (Mat. 24:3, 10). La traición se define como el “comportamiento de una persona que engaña o hace daño a un amigo o a otra persona que ha depositado en ella su confianza”. Esa falta de fidelidad confirma que estamos viviendo en “los últimos días” en los que, como predijo Pablo, los hombres serían “desleales [...], traicioneros” (2 Tim. 3:1, 2, 4). Aunque los escritores y guionistas suelen darles a los actos de deslealtad tintes dramáticos o románticos, lo cierto es que en la vida real provocan mucho dolor y sufrimiento. Sin duda, la traición es una terrible marca de los tiempos en que vivimos.
3 ¿Qué lecciones extraemos de los personajes bíblicos que traicionaron a otros? ¿Qué aprendemos de aquellos que demostraron lealtad? ¿Y a quién debemos ser fieles pase lo que pase? Veamos.
MALOS EJEMPLOS DEL PASADO
4 Veamos primero el caso de Dalila, la manipuladora mujer de la que se enamoró Sansón. Este juez estaba resuelto a encabezar la lucha del pueblo de Dios contra los filisteos. Tal vez sabiendo que ella no sentía amor ni lealtad por Sansón, los cinco cabecillas filisteos le ofrecieron una gran suma para que averiguara el secreto de su extraordinaria fuerza a fin de eliminarlo. Actuando como una mercenaria, Dalila aceptó la oferta, pero tres veces fracasó en su intento de descubrir el secreto de Sansón. Entonces siguió presionándolo y “lo apremiaba con sus palabras en todo tiempo, y seguía instándolo”. Finalmente, “el alma de él se impacientó hasta desear morir”, así que le reveló que nunca le habían cortado el cabello y que, si lo hacían, él perdería la fuerza.*Enseguida, ella se encargó de que le cortaran el pelo mientras dormía en su regazo y lo entregó a sus enemigos para que hicieran con él lo que quisieran (Jue. 16:4, 5, 15-21). ¡Qué acto tan despreciable! Por culpa de su codicia, Dalila traicionó al hombre que la amaba.
5 Veamos ahora el caso de Absalón. Cegado por la ambición, estaba decidido a usurpar el trono de su padre, el rey David. Comenzó “robándose el corazón de los hombres de Israel”, es decir, ganándose su favor con astutas promesas y fingidas expresiones de afecto. Los abrazaba y besaba como si de verdad se preocupara por ellos y sus necesidades (2 Sam. 15:2-6). Consiguió poner de su parte hasta al consejero de confianza de David, Ahitofel, quien se volvió traidor y se unió a la rebelión (2 Sam. 15:31). En los Salmos 3 y 55, David expresa cómo se sintió por tan terrible deslealtad (Sal. 3:1-8;léase Salmo 55:12-14). La conspiración contra el rey nombrado por Jehová puso de manifiesto que Absalón no sentía ningún respeto por la soberanía divina, y que era un ser ambicioso y descarado (1 Cró. 28:5). Al final, el golpe fracasó y David siguió reinando como el ungido de Jehová.
6 Pensemos ahora en la traición de Judas Iscariote. En la última Pascua que Jesús celebró con sus doce apóstoles, les anunció: “En verdad les digo: Uno de ustedes me traicionará” (Mat. 26:21). Esa misma noche, ya en el jardín de Getsemaní, Jesús les dijo a Pedro, Santiago y Juan: “¡Miren! El que me traiciona se ha acercado”. Acto seguido, Judas apareció con sus cómplices y, “yendo directamente a Jesús, dijo: ‘¡Buenos días, Rabí!’, y lo besó muy tiernamente” (Mat. 26:46-50; Luc. 22:47, 52). Por su amor al dinero, Judas “había traicionado [...] sangre justa” y entregado a Jesús a sus enemigos. ¿Y cuánto cobró por ello? ¡Treinta míseras monedas de plata! (Mat. 27:3-5.) Desde entonces, el nombreJudas ha sido sinónimo de “traidor”, en especial de la clase que se esconde tras el disfraz de la amistad.*
7 ¿Qué hemos aprendido de estos malos ejemplos? Absalón y Judas tuvieron un fin vergonzoso porque traicionaron al ungido de Jehová (2 Sam. 18:9, 14-17; Hech. 1:18-20). Y el nombre Dalila quedará para siempre vinculado a la traición y el amor fingido (Sal. 119:158). Es vital que combatamos cualquier tendencia hacia la ambición ciega o la codicia, pues podríamos perder el favor de Jehová. No hay lecciones más contundentes para ayudarnos a rechazar algo tan deplorable como la traición.
IMITEMOS A LOS LEALES
8 La Biblia también contiene muchos ejemplos de lealtad. Examinemos dos de ellos para ver qué podemos aprender. Comencemos por un hombre que demostró su lealtad a David: Jonatán. Dado que era el hijo mayor del rey Saúl, tenía todas las probabilidades de heredar el trono de Israel. Sin embargo, Jehová eligió a David para ese puesto. En vez de ponerse celoso, Jonatán respetó la decisión divina. Y lejos de considerarlo como un rival, “la misma alma de Jonatán se ligó con el alma de David” y le juró lealtad. Hasta le regaló algunas de sus prendas de vestir, su espada, su arco y su cinturón, lo cual implicaba reconocer su dignidad real (1 Sam. 18:1-4). Además, hizo todo lo que pudo para “fortalecerle la mano”, arriesgando incluso su propia vida al defenderlo ante Saúl, su padre. Y lealmente animó a su amigo con estas palabras: “Tú mismo serás rey sobre Israel, y yo mismo llegaré a ser segundo a ti” (1 Sam. 20:30-34; 23:16, 17). No es de extrañar que, a la muerte de Jonatán, David expresara su dolor y el cariño que le tenía en una conmovedora canción (2 Sam. 1:17, 26).
9 En el corazón de Jonatán no había ningún conflicto de lealtades. Él se sometía por completo al Señor Soberano Jehová y apoyaba sin reservas a David, el ungido de Dios. Del mismo modo, aunque nosotros no tengamos el honor de recibir alguna responsabilidad especial en la congregación, debemos respaldar gustosamente a los hermanos que han sido nombrados para guiarnos (1 Tes. 5:12, 13; Heb. 13:17, 24).
10 El otro ejemplo positivo que vamos a analizar es el del apóstol Pedro, quien prometió lealtad a Jesús. Cuando el Gran Maestro empleó unos símbolos muy gráficos para ilustrar la importancia de demostrar fe en su carne y sangre, que pronto iba a sacrificar, muchos de sus discípulos se ofendieron y lo abandonaron (Juan 6:53-60, 66). Entonces Jesús se volvió a sus doce apóstoles y les preguntó: “Ustedes no quieren irse también, ¿verdad?”. Fue Pedro quien contestó: “Señor, ¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna; y nosotros hemos creído y llegado a conocer que tú eres el Santo de Dios” (Juan 6:67-69). ¿Acaso Pedro comprendió perfectamente todo lo que Jesús acababa de decir sobre su venidero sacrificio? Lo más probable es que no. Sin embargo, estaba decidido a ser leal al Hijo ungido de Dios.
11 Pedro no pensó que Jesús estaba equivocado y que con el tiempo se retractaría. Más bien, reconoció humildemente que Jesús tenía “dichos de vida eterna”. Pues bien, ¿cómo reaccionamos nosotros cuando en las publicaciones del “mayordomo fiel” hallamos algo que no comprendemos bien o que no concuerda con nuestro punto de vista? Deberíamos procurar entenderlo en vez de dar por sentado que con el tiempo cambiará y se ajustará a nuestra opinión (léase Lucas 12:42).
FIELES AL CÓNYUGE
12 No debemos permitir que algo tan vil como la traición, sea del tipo que sea, perturbe la paz y unidad de la familia cristiana y de la congregación. Con esta idea presente, veamos cómo podemos seguir siendo fieles a nuestro cónyuge y a nuestro Dios.
13 El adulterio es una de las formas de traición más devastadoras, pues quien lo comete viola sus votos de fidelidad matrimonial al dedicar sus atenciones a otra persona. De repente, el cónyuge traicionado se ve solo, sintiendo que su mundo se derrumba. ¿Cómo puede ocurrir eso entre dos personas que una vez se amaron? Con frecuencia, el primer paso en esa dirección se da cuando se distancian emocionalmente uno del otro. La profesora de Sociología Gabriella Turnaturi explica que “la traición encuentra su lugar en la alternancia entre estar plenamente presente en la relación y no estar plenamente presente”. Tal distanciamiento se produce incluso en algunas parejas de mediana edad. Este es el caso del hombre de 50 años que se divorcia de la mujer que le ha sido fiel durante veinticinco para unirse a otra por la que se siente atraído. Hay quienes le quitan importancia al asunto calificándolo de “crisis de la mediana edad”. Sin embargo, en vez de hacerlo parecer algo inevitable, llamémoslo por su nombre: traición en la mediana edad.*
14 ¿Qué piensa Jehová de los que, sin razón bíblica, abandonan a su esposo o esposa? Nuestro Dios odia el divorcio, y ha expresado enérgicamente que condena a los casados que traicionan de esa manera a su pareja (léase Malaquías 2:13-16). En total sintonía con su Padre, Jesús enseñó que uno no puede echar o abandonar a un cónyuge inocente y seguir como si tal cosa (léase Mateo 19:3-6, 9).
15 ¿Cómo pueden los casados permanecer fieles a su cónyuge? La Palabra de Dios contesta: “Regocíjate con la esposa [o el esposo] de tu juventud”. Además, dice: “Ve la vida con la esposa [o el esposo] que amas” (Pro. 5:18; Ecl. 9:9). Según va pasando el tiempo, cada uno de ellos debe estar “plenamente presente” en su relación, tanto a nivel físico como emocional. Eso significa estar pendientes uno del otro, pasar tiempo uno conel otro y estrechar los lazos entre uno y otro. Deben concentrarse en proteger su matrimonio y su relación con Dios. Y para eso necesitan ser constantes en estudiar la Biblia juntos, en predicar juntos y en pedirle juntos a Jehová que los bendiga.
FIELES A JEHOVÁ
16 Hay miembros de la congregación que cometen pecados graves y tienen que ser censurados “con severidad, para que estén saludables en la fe” (Tito 1:13). Por otro lado, la conducta de algunos requiere que sean expulsados. Esta disciplina ha permitido que “los que han sido entrenados por ella” se recobren espiritualmente (Heb. 12:11). Pero ¿y si el expulsado es un familiar nuestro o un amigo íntimo? Entonces entra en juego nuestra lealtad, no a la persona, sino a Dios. Jehová nos observa y sabe si estamos obedeciendo su mandato de no tener contacto con cualquiera que haya sido expulsado (léase1 Corintios 5:11-13).
17 Veamos solo un ejemplo del bien que se puede lograr cuando la familia apoya lealmente la orden divina de no relacionarse con familiares expulsados. Un joven llevaba diez años expulsado, y durante ese tiempo su padre, su madre y sus cuatro hermanos se negaron a “mezclarse en [su] compañía”. A veces él intentaba incluirse en las actividades de la familia, pero, de forma loable, todos se mantuvieron firmes en su postura. Tras su readmisión, dijo que siempre los había echado de menos, especialmente cuando estaba solo por las noches. Sin embargo, admitió que si su familia hubiera tenido contacto con él, aunque fuera solo un poco, esa pequeña dosis le hubiera bastado. Al no tener ni siquiera la más mínima comunicación con ninguno de ellos, el deseo ardiente de disfrutar de su compañía se convirtió en uno de los factores que lo impulsaron a reparar su relación con Jehová. Pensemos en este hecho si alguna vez nos sentimos tentados a violar el mandato divino de no tener contacto con familiares expulsados.
18 Vivimos en un mundo traicionero y desleal. Aun así, en la congregación cristiana nos rodean hermanos cuya lealtad es digna de imitar. Su trayectoria en la vida habla por ellos, pues es como si dijeran: “Ustedes son testigos, Dios también lo es, de cuán leales y justos e inculpables demostramos ser para con ustedes los creyentes” (1 Tes. 2:10). Demostremos a diario que hemos tomado la firme decisión de permanecer leales a Dios y a nuestro semejante.
[Notas]
La fuerza de Sansón no estaba en su cabello en sí, sino en lo que este representaba: su relación especial con Jehová como nazareo.
De ahí que la expresión beso de Judas designe cualquier “manifestación de afecto que encubre traición”.
Encontrará sugerencias para afrontar esta terrible deslealtad en el artículo “Cómo superar la traición de un cónyuge” de La Atalaya del 15 de junio de 2010, páginas 29 a 32.
[Preguntas del estudio]
1-3. a) ¿Qué terrible marca de los tiempos estamos presenciando, y qué implica? b) ¿A qué tres preguntas daremos respuesta?
 4. ¿Cómo traicionó Dalila a Sansón, y por qué fue tan despreciable ese acto?
 5. a) ¿Cómo traicionó Absalón a David, y qué demostró con sus actos? b) ¿Cómo se sintió David por la traición de Ahitofel?
 6. ¿Cómo traicionó Judas a Jesús, y de qué ha llegado a ser sinónimo el nombre Judas?
 7. ¿Qué lecciones hemos aprendido de la vida de a) Absalón y Judas, y b) Dalila?
8, 9. a) ¿Por qué le juró lealtad Jonatán a David? b) ¿Cómo podemos imitar a Jonatán?
10, 11. a) ¿Por qué fue Pedro leal a Jesús y permaneció a su lado? b) ¿Cómo podemos imitar a Pedro?
12, 13. ¿Cómo pudiera la traición abrirse paso en un matrimonio, y por qué no es la edad una excusa para que eso ocurra?
14. a) ¿Qué piensa Jehová de quienes abandonan a su cónyuge sin razón bíblica? b) ¿Qué dijo Jesús sobre la fidelidad conyugal?
15. ¿Cómo pueden los casados fortalecer su resolución de ser fieles a su cónyuge?
16, 17. a) ¿Cómo puede ponerse a prueba nuestra lealtad en la familia y en la congregación? b) ¿Qué ejemplo muestra los beneficios de obedecer el mandato divino de no relacionarse con familiares expulsados?
18. ¿Cuál es nuestra resolución tras haber examinado las consecuencias de la lealtad y la deslealtad?
[Ilustración de la página 10]
A diferencia de otros, Pedro fue leal al Hijo ungido de Dios y no lo rechazó

http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2012282

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